
Conservatorio UACh realizó jornada de mediación musical en Instituto Alemán de Valdivia

Directora del Conservatorio de Música UACh participó como expositora en encuentro nacional sobre educación musical y bienestar
Por Dra. Tirza Barría Catalán
Directora Magíster en Estudios del Patrimonio
El patrimonio ferroviario del sur de Chile formó parte fundamental de la memoria territorial y del desarrollo histórico de ciudades y comunidades que crecieron al ritmo del tren. Durante gran parte del siglo XX, el ferrocarril articuló la vida económica, social y cultural del sur austral, conectando puertos, zonas agrícolas y centros urbanos. Más que un sistema de transporte, el tren fue un espacio de encuentro, intercambio cultural y cohesión territorial.
Desde Collipulli hasta Puerto Montt se construyeron 123 estaciones y 13 ramales ferroviarios, conformando una red de movilidad estratégica para el país de 1.126 kilómetros. Gracias a esta infraestructura, el ferrocarril transportó pasajeros, madera, ganado y productos agrícolas, impulsando la economía local y fortaleciendo los vínculos entre comunidades rurales y urbanas. De este modo, puentes, túneles, estaciones, bodegas y diversas obras de arte no solo cumplieron una función operativa, sino que también formaron parte de los paisajes culturales y de las identidades del sur de Chile.
Sin embargo, desde fines de la década de 1970 comenzó un progresivo proceso de abandono y deterioro, asociado a políticas estatales que privilegiaron el transporte carretero por sobre el ferroviario. Como consecuencia, numerosas líneas fueron cerradas, estaciones demolidas y terrenos vendidos o abandonados, lo que provocó la desaparición paulatina de una parte importante de la memoria colectiva de localidades como Gorbea, Pichirropulli, Casma, Corte Alto, entre otras. En este contexto, el deterioro de históricas estaciones y la pérdida de antiguos ramales reflejan también la escasa valoración patrimonial que durante décadas tuvo esta infraestructura ferroviaria.
No obstante, en las últimas décadas se han desarrollado experiencias positivas que demuestran posibles caminos para su recuperación y puesta en valor. La reutilización de estaciones de pasajeros mediante la incorporación de nuevos programas y usos culturales (estaciones de Osorno y Valdivia) constituye una buena práctica que favorece la revitalización de estas construcciones. Asimismo, diversas iniciativas impulsadas por universidades, municipios y organizaciones ciudadanas han contribuido a comprender el patrimonio ferroviario no solo como un vestigio del pasado, sino también como un recurso educativo, social y cultural con potencial para fortalecer la identidad y el desarrollo territorial.
Actualmente, el Estado impulsa una política de reactivación ferroviaria a través del denominado Plan Trenes para Chile, liderado por la Empresa de los Ferrocarriles del Estado (EFE). La recuperación de servicios hacia el sur, como los trayectos Victoria–Pitrufquén y Puerto Varas–La Paloma, representa una oportunidad significativa para avanzar hacia sistemas de transporte más sostenibles, eficientes y descentralizados.
Sin embargo, esta reactivación no puede limitarse únicamente a criterios de conectividad o rentabilidad económica. Debe también incorporar una visión integral que considere la recuperación de las construcciones ferroviarias y la planificación del espacio público, respondiendo a la situación actual de las antiguas estaciones y del entorno del recinto ferroviario. Reactivar el tren implica, además, recuperar una forma de habitar y comprender el territorio que, durante décadas, otorgó sentido e identidad al sur de Chile.
El patrimonio ferroviario no pertenece solo al pasado. Su recuperación puede transformarse en una herramienta de desarrollo regional, turismo cultural y fortalecimiento de identidades locales. En este proceso, la educación patrimonial desde temprana edad resulta fundamental. Incorporar en escuelas y liceos contenidos sobre historia local, memoria territorial y patrimonio cultural permite formar ciudadanos más conscientes del valor de su entorno. Cuando niños y jóvenes reconocen el patrimonio como parte de su vida cotidiana, se fortalece el sentido de pertenencia y el compromiso con su conservación futura.
Por eso hoy, cuando celebramos el Día de los Patrimonios, además de admirar las imágenes, relatos y expresiones culturales que circulan y ponen en valor nuestra herencia colectiva, resulta fundamental detenernos a reflexionar sobre lo que estamos haciendo como sociedad y como país para proteger, conservar y transmitir nuestros patrimonios a las futuras generaciones. Esta conmemoración no solo invita a reconocer aquello que heredamos, sino también a asumir la responsabilidad compartida de cuidar las memorias, los territorios y las identidades que dan sentido a nuestra historia común.


