
La Facultad de Arquitectura y Artes UACh como laboratorio creativo: Comienza segundo semestre de la Línea Vinculante

Joaquín Cisterna, estudiante de AMS joven compositor que entrelaza investigación y creación musical
Entre ensayos, clases y la exigencia de su proyecto de título, la estudiante de Artes Musicales y Sonoras de la UACh, Carolina Tolmo, ha encontrado en la composición un refugio y una forma de darle sentido a lo que vive. Este año ha sido para ella un periodo de intensas creaciones y también de reconocimientos que marcan el inicio de un camino prometedor.
Su obra ¿Y ahora qué? nació en un contexto de carreras contra el tiempo: entregar la tesis un viernes y comenzar a componer al día siguiente para un concurso cuya convocatoria cerraba apenas días después. Esa pieza breve, escrita para acordeón de bajo libre, fue enviada a último minuto y, para sorpresa de la propia autora, obtuvo el segundo lugar en el Primer Trofeo Chileno de Acordeón.
“Ya había tirado muchas ideas en mi obra de título, entonces decidí acotarme, ser más clara. Al final resultó una obra pequeña, intensa, que me gustó mucho y que logró un reconocimiento inesperado”, cuenta Carolina, recordando con una sonrisa el alivio de haber llegado justo a tiempo.
El espíritu colectivo ha sido otra constante en su formación. Junto a sus compañeros Joaquín Cisterna y Brandon Garrido, Carolina celebró también el primer lugar en la convocatoria de la Asociación Nacional de Compositores (ANC). Su obra Cuasi Sonata para violín, acordeón y contrabajo fue estrenada en la Academia Chilena de Bellas Artes, en un concierto que reunió a seis jóvenes compositores de la UACh.
“Muchas veces componíamos en maratones de viernes a domingo, quedándonos en la casa de uno o de otro. Nos alimentábamos como fuera, pero lo importante era crear juntos, empujarnos unos a otros. Esas obras no solo nacieron de un proceso individual, sino de una comunidad creativa muy potente”.
Su actual trabajo de titulación refleja esa búsqueda de sentido a través de la música. Se trata de Hevel, una obra para coro y orquesta de cuerdas inspirada en pasajes del libro bíblico de Eclesiastés. El proceso no fue inmediato: investigó cómo otros compositores habían trabajado con textos sagrados antes de permitirse escribir la primera nota.
Finalmente, la obra tomó forma en cuatro movimientos, cada uno asociado a una temática central del libro, y se convirtió en un espacio donde Carolina pudo volcar tanto su espiritualidad como su sensibilidad artística.
La joven compositora ya proyecta el futuro con entusiasmo. Fue recientemente aceptada para iniciar en abril de 2026 el Magíster en Composición Instrumental en la Universidad de Chile, proyecto que espera concretar dependiendo del resultado de una beca a la que postuló y cuyos resultados se conocerán en diciembre. Mientras tanto, se prepara para trabajar entre octubre y noviembre en una nueva obra que presentará a la convocatoria de la Fundación de Orquestas Juveniles e Infantiles de Chile (FOJI), revisitando una de sus primeras composiciones sinfónicas.
Para Carolina, lo que inspira su música siempre está ligado a lo que le toca vivir:
“Generalmente me inspiro bastante en lo que esté pasando en mi vida. A veces me pongo estos ‘pies forzados’ de técnicas o materiales, pero lo que me mueve es lo que estoy sintiendo en ese momento”.
En su caso, la música no es solo una disciplina académica ni un medio de expresión: es también una manera de habitar el presente y proyectarse hacia lo que viene, siempre con la convicción de que, más allá de los concursos y reconocimientos, lo esencial está en la experiencia creativa.


